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Por Ignacio A. Herrera Muñoz - crónica
LA NAVIDAD CHETUMALEÑA...
AYER Y HOY...

Hoy en nuestra ciudad, desde el inicio de diciembre, calles y casas se llenan de colorido los elegantes aunque mermados aparadores de los comercios de la avenida Héroes que siempre ha sido la principal desde la fundación de Chetumal, lucen hermosamente adornados.

Viajando al pretérito, en las décadas de los cincuenta, cuando habían carencias urbanas como alumbrado, pavimentación, centros nocturnos o discotecas como las que existen ahora, bien cabe recordar cómo festejaban los chetumaleños en aquel tiempo.

En aquel entonces, la extensión de la ciudad se circunscribía a lo que hoy es una calle bien trazada: de la Mahatma Ghandi a la 22 de Enero y de la Reforma a la Flores Magón.

En la parte del cerro, detrás del aljibe, existía una vereda que conformaba la calle francisco de Montejo (hoy Belice), ésta comunicaba con caseríos aislados; al igual que la calle Efraín Aguilar, vereda hasta dos calles después del hospital que daba acceso a plantíos y carboneras de ejidatarios; al igual todo lo que hay en la popular y aristocrática colonia Campestre; solamente existían algunas casas comunicadas por caminos mayormente abiertos por los habitantes, es decir, veredas que claramente vislumbraban en un futuro llegar a ser avenidas o calles de importancia como hoy lucen en esta ciudad capital.

La tranquilidad provinciana el Chetumal que desapareció casi por completo en 1955.- Foto tomada del álbum monográfico.

En los barrios los novenarios, en donde se ponían los belenes, las ya olvidadas pastorelas, que con mucha anticipación se preparaban para escenificar el nacimiento del niño Dios el 24 de diciembre; era mucha la animación, quizá por lo pequeño que era todavía Chetumal, se notaba la celebración navideña. Entre la avenida Francisco I. Madero y la hoy José María Morelos, viven hasta la fecha los hermanos Varela, hijos de don Zacarías Varela; es posible que por su avanzada edad dejaran de realizar las posadas que terminaban con una bonita pastorela que mucha gente admiraba. Era bonito ver el bien organizado nacimiento y la ingenuidad para ponerle animación; la bien dirigida dramatización con los personajes bíblicos que representaban el advenimiento del creador, esa costumbre que perduró por muchos años se perdió en el olvido. Hoy todo lo llenan las posadas en discos y centros nocturnos; no existe nadie que pretenda rescatar esas tradiciones que por mucho tiempo dieron a Chetumal motivos de distracción sana con calor hogareño y familiar.

Los planteles educativos principalmente los jardines han lucido festivales navideños; ha habido pastorelas en las instituciones más en los hogares como en antaño la costumbre se ha perdido, pero el recuerdo perdura en muchas mentes. Un ayer inolvidable contrastante con el actual atiborrado de los estruendosos ruidos modernos que ofrecen a la juventud las discotecas.

Son costumbres de hoy que los de ayer respetamos no sin que añoremos que surjan nuevas generaciones que rescaten esas costumbres perdidas.

Un Chetumal moderno y bullicioso con atractivos adornos lucen en la época navideña.

Hoy en Chetumal hay mucho vislumbre, pero poca devoción; las costumbres porticadas por mucho tiempo se han deformado, los mayores colaboramos para ello; los “rameros” que antes proliferaban hoy son pocos niños que recorren los hogares ofreciendo sus cantos navideños, en muchos hogares los rechazamos en lugar de animarlos escuchándolos y depositar en sus pequeñas latas captoras la colaboración que voluntariamente después de escuchar sus cánticos piensan recibir de esos caballeros como califican al dueño de la casa al iniciar sus tonadas.

La ciudad ha crecido, y hoy seis de cada diez hogares lucen árboles con focos multicolores, cierto hay representación, pero en ninguna se realiza de tal forma que se considere un atractivo. La navidad del dos mil cuatro será mañana; hoy es noche buena; que este amanecer después de la nochebuena sea como ayer la navidad chetumaleña.

IAHM.-Chetumal, Q. Roo
Diciembre de 2004.




 

 

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