| Crónica
Citadina
Por Ignacio
A. Herrera Muñoz Costumbre Chetumaleña… ¿Se perderá?.Publicado el 2009-09-04.
De pronto los recuerdos afloran a la memoria y se presentan a la mente imágenes del pasado: de la niñez, la adolescencia, la juventud y las comparamos al presente percatándonos de lo que ha cambiado; los recuerdos nos invaden negándonos a olvidarlos; en nuestro interior deseamos que las calles, sitios, edificios pero más las costumbres que por mucho tiempo adoptamos desaparezcan, incluyendo personajes involucrados en hechos suscitados.
Todavía quedamos de esas generaciones que solíamos correr en la explanada, jugar en el parque Rébsamen donde se encontraban aquellos balancines, la resbaladora, los aros giratorios, cuando en la meseta de granito del parque Hidalgo la chamacada se distraía al jugar “pepino vecino”, era parte de la diversión y distracción que también incluía a los chamacos boleritos cuando su labor estaba escasa o antes de irse a sus hogares…esto se ha perdido como el hábito de ir a patinar y uso de aquellos patines de madera que se construían a la manera de patín del diablo solamente que podían ir dos en ellos…¿Dónde acabaron?, hoy nadie los utiliza, los modernos carritos los han suplido…el ingenio imperante en esas épocas propiciado por la necesidad se ha extinguido.
En la actualidad existe una inquietud que está preocupando a muchos de esos chetumaleños de los que me referí al principio de estos apuntes; esto es debido a la determinación de las autoridades, mejor dicho de la PROFEPA en la prohibición de la pesca en la bahía.
De ninguna manera estoy en desacuerdo en esa disposición por existir razón en cuanto al abuso de quienes están poniendo en peligro las pocas especies marinas muy significativas con las que cuenta la bahía al colocar extensas redes.
Quienes vivimos en esta ciudad y en los márgenes de lo que abarca la extensa bahía sabemos que no existe abundante pesca como en otros litorales del estado.
Sin embargo se capturaba y hasta ahora se logran sacar sábalos, picudas, cazones, chernas…más una pesca característica en este lugar son las chihuas, que no se pero tienen un sabor muy especial que gusta a quienes aquí vivimos.
Desde niños nos acostumbramos a ver muy temprano y en las tardes a los tarrayeros, que sus productos ahí mismo a la orilla del malecón entonces, ahora bulevar, los vendían frescos….por las mañanas cotidianamente venían los de Calderitas en aquellos pequeños camiones uno de don Pascual Cruz y otro de don Pedro Uh, trayendo productos agrícolas entre los que sobresalían las sartas de frescas, chihuas, o las mitades de cazones…ahí afuera del entonces mercado “Miguel Alemán” se apostaban a vender sus productos.
En el muelle fiscal los sábados y domingos, durante las vacaciones siempre estaba concurrido de chamacos y jóvenes probando suerte con el anzuelo, intentando sacar una pinta, una bocana, un bonglis y aquellos incautos pejesapos que con voracidad venían al caer la carnada con el anzuelo y zas…sacarlo y observar como se inflaban y luego estallaban…lo más fácil y que no fallaba su pesca eran los bagres abundantes a causa de los desperdicios y vísceras de peces que los barcos tiraban.
Como olvidar aquellas épocas cuando en las mañanas corrían los cardúmenes de jureles, decenas de anzuelos tiraban y ahí quedaban ensartados algunos de los que ágilmente sacaban eran aquellos pescadores convertidos ahora en personajes recordados como: Pedro Flores, popularmente conocido como “Polvorilla” un aficionado a esa actividad, no vivía de ella pero diariamente iba a sacar peces con su anzuelo; al güero Rodríguez un entregado a la pesca tanto en el muelle como en la bocana del río Hondo…a Onofre actualmente, si no me equivoco, está dedicado a la sastrería…que por la tarde iba a colocar una pequeña red cerca de la bocana del río y temprano iba por ella y si le iba con suerte traía cazones y uno que otro jurel despistado que caía en la pequeña malla, también era de los chihueros de tarraya. Aún está en muchas mentes la imagen de la vieja draga que estuvo en la punta del muelle donde la chiquillada y adultos se aglomeraban para sacar con anzuelo aquellos peces llamados “pollitos” que servían por lo general como señuelo.
Todo esto era un costumbrismo, una pesca cuidadosa sin utilizar largas extensiones de redes y menos trampas abundantes como ahora lo están haciendo, en un tiempo algunas personas pagaron multas y hasta algunos días de cárcel por utilizar dinamita…eso se prohibió y se vigiló que no se repitiera.
Algunos de aquellos quienes siempre estaban remojados con sus tarrayas caminaban dentro de las aguas tirando y sacando la red en que se extendía y sumergía ayudada por los plomos que la rodeaban para atrapar a las plateadas chihuas y luego sacarlas e irlas colocando en una bolsa de yute o plástico mejor conocido como morral o sabucán y hasta reunir un número considerable salían y las ordenaban en sartas como le llamaban al conjunto que formaban en una tira delgada de chit o de guano….los compradores por lo general estaban atentos en esos amaneceres y atardeceres; identidad propia de esta ciudad, no estamos en un mar abierto pero si la bahía que bordea la ciudad y los poblados como Calderitas, Luís Echeverría y Laguna Guerrero, esta última fue proveedora por muchos años de esos peces muy apetecidos, recuerdo a un personaje como don Alejandro Tamayo que las traía todas las mañanas al igual que aceite de coco, que muchas familias utilizaban para freír pescado…A criterio de muchos, debe permitírsele esa pesca a quienes se dedican a la captura con tarraya o con anzuelo, dentro del área de la rada, no permitiendo la instalación de redes o trampas, menos dinamita como algunos suelen utilizar, esto debe cuidarse.
Las costumbres y tradiciones deben perdurar, es necesario rescatarlas, no permitir que nos invada el escepticismo, como tampoco, desterrar a causa de personas sin escrúpulos y sin respeto a la ecología depreden lo poco que nos queda y con orden se pueden seguir aprovechando los recursos materiales y especies que la naturaleza nos brinda.
Ser como ayer, dicen es retroceso…no avanzar es estancamiento, cambiar y avanzar es desarrollo, conservar las costumbres y rescatar para conservar es historia y cultura…El cuidar la ecología, nuestras especies marinas o las que habitan en la selva es un acierto.
Así debe hacerse en la bahía, evitar los abusos, pero permitir que el costumbrismo no se pierda…y dejar que como ayer los chihueros y los pescadores tradicionales de anzuelo, sigan siendo parte de la manera como viven aún algunos chetumaleños…Que los depredadores de grandes y extensas redes, de modernas trampas, lujosas cañas y rápidas lanchas vayan al espacio indicado. Las autoridades se ocupan en rastrear a todos quienes abusan y tratan de extinguir las pocas especies con las que cuenta la bahía…tratar de conservar ese costumbrismo chetumaleño sin abuso quienes todavía se ocupan de esa añeja y además ante esta aguda crisis les proporciona un ingreso para apoyar a sus familias…no hay que permitir se pierdan elementos de nuestras tradiciones y costumbrismo características propias que identifican a los chetumaleños. En este caso son los tradicionales chihueros o tarrayeros. El monumento al Pescador los identifica y su tarea la recalca en la popular canción del chetumaleño Roque Cervera Arguelles: “Préstame tu tarraya man”.
IAHM.-Chetumal, Quintana Roo
Septiembre 2009.
Ignacio-herrera@hotmail.com
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