| Crónica
Citadina
Por Ignacio
A. Herrera Muñoz “Janet”… Pretérito trágico...Publicado el 2009-09-25.
Hace cincuenta y cuatro años, Chetumal capital entonces del territorio de Quintana Roo, se encaminaba con esfuerzo hacia logros del mejoramiento material, social y cultural buscando el despunte económico favorable que coadyuvara para obtener la superación; había el anhelo de la transformación en atractiva ciudad para otorgar un poco más de los encantos que constituían la admiración de viajeros que como turistas nos visitaban atraídos por los vistosos aparadores de las casas comerciales que exhibían novedosos productos de importación que favorecían en esa época como consecuencia del perímetro libre; lo atractivo de sus calles y las artísticas casas de madera que lucía.
Es prudente reiterar que en 1955 la mayoría de las construcciones eran de madera y lámina de zinc; la ciudad era tranquila, apacible, pero quizá siempre con temor a la naturaleza que en cualquier momento podía enviar sus elementos destructivos convertidos en furiosos huracanes.
Así amenazaba ese mes de septiembre de 1955, cuando a pesar de la escasa comunicación noticiosa los pobladores se enteraban de la formación de huracanes en el área del caribe conscientes de que la energía de este inquieto mar podía enviar sus vientos devastadores a esta ciudad, convertidos en potente meteoro destructor.
Chetumal para aquel entonces no contaba como actualmente con una cultura de protección en cuanto a una situación como se presentó en esa madrugada fatídica; aunque existía la alerta en época señalada como ciclónica y la población acudía en ocasiones de amenaza a los refugios.
Algunos pobladores habían sido testigos del paso de huracanes como el de 1942, que no causó grandes estragos; únicamente a endebles construcciones de paja y taciste…aunque se registraron cuatro o cinco víctimas.
En 1955, no habían los elementos necesarios para una oportuna comunicación; se hacía por boletines que aparecían en la delegación de gobierno, en el propio palacio y por medio de un carro de sonido de la inspección de policía del territorio y en las pantallas de los tres cines de la localidad.
Los refugios disponibles: la escuela socialista “Belisario Domínguez”, el hospital civil “Morelos”, el extinto hotel “Los Cocos”, construcciones hechas a conciencia con intención para que en su momento sirvieran de refugio en caso de una contingencia como se produjo y pudo comprobarse que las personas que llegaron a esos edificios pudieron salvar la vida, no obstante de haber entrado el agua de la bahía a casi toda la ciudad.
Numerosos ciudadanos se refugiaron en el palacio de gobierno, en el cinema “Ávila Camacho”, incluso en la penitenciaría del territorio en aquel año de recién construcción, muchos de ellos fueron parte de esas numerosas víctimas que se confiaron y no pensaron que “Janet” aliado con las aguas del mar harían más cruel su destrucción como sucedió durante su visita en la transición de ese día 27 de septiembre; un negro amanecer para los que sobrevivieron y otros que no volvieron a ver la salida del sol, porque sucumbieron. Como si esta ciudad estuviera sentenciada desde la formación ese meteoro, su trayectoria la dirigió a nuestra capital; conforme se conocían los detalles crecía la preocupación de los habitantes, principalmente entre los que conocían la peligrosidad de este fenómeno, ciudadanos que fueron testigos del fatal huracán de Belice en 1931.
Con esa inquietud llegó el fatal viajero, no hubo clemencia ante sus fuertes vientos, y como si quisiera confirmar su poderío destructor el ojo de la tormenta envolvió a la indefensa Chetumal, que soportó al mismo tiempo oleaje a la apacible bahía arrasando hacia sus reinos todo lo que encontró a su paso, incluyendo vidas humanas.
Esa es la página trágica que vivió Chetumal aquel septiembre que enlutó a cientos de hogares citadinos.
Los titulares del Diario de Yucatán del día siguiente de aquel mes y año anunciaron en sus páginas: “El ciclón arrasó Quintana Roo, sembrando la muerte y la ruina”, como subtítulos: “Chetumal destruida, lo mismo que Xcalak y otros pueblos, centenares de muertos, heridos y desolación”.
Hoy a cincuenta y cuatro años de esa aciaga madrugada y de ese horrendo despertar, recordamos póstumamente a aquellas víctimas de natura que a su paso arrolló, pero también es oportuno reconocer la tenacidad de quienes a pesar de la tragedia no se desanimaron y como dice una parte de la canción que brotara de la inspiración del compositor chetumaleño Carlos Gómez Barrera (+) “Trabajo y amor al terruño obraron milagros y así renació esplendorosa, ciudad Chetumal…” Es justo reconocer a muchos ciudadanos que con heroísmo expusieron su vida, a pesar del peligro; algunos murieron en tales intentos como el sargento de transmisiones de la 34 Zona Militar Cecilio Rangel Saucedo que por entrar a salvar la vida de unos infantes, lo aplastó el derrumbe de una casa; el cabo de la Compañía Fija, José Higinio Franco Camacho, quien también por salvar a unos niños, fue horriblemente decapitado por una lámina que con su furia el viento arrojó.
Quedó registrado también como un acto ejemplar en los renglones de la historia trágica el comportamiento de un miembro de la policía del territorio de aquel entonces, quienes hoy somos mayores lo conocimos y quizá hasta lo tratamos; quien mientras cumplía con su deber; como actuó el sargento Luís A. Rendiz tuvo la desgracia de perder a cuatro de sus hijos que se le ahogaron mientras el auxiliaba salvando otras vidas; así lo registró en su libro “Janet… o la tragedia de Chetumal”, el Profr. Santiago Pacheco Cruz. Un acto de heroísmo y cumplimiento de responsabilidad que jamás tuvo un reconocimiento público y sin embargo debe servir de ejemplo para las presentes generaciones.
Justo también es valorar la solidaridad de servidores públicos en aquella fecha maestros, ingenieros, profesionistas, ejército, policías; como aquellos médicos que prestaron ayuda inmediata: el director de servicios coordinados, José Larrobe que a pesar de su avanzada edad demostró fortaleza y energía en esos momentos, secundado por sus colegas: José C. Villamil, Guillermo Macías, Antonio Zaleta Islas, José Ma. Montemayor y Eduardo Gordillo Paredes. Injusto ha sido en ocasiones no señalar a personas que ocupaban los cargos públicos a quienes se les asignó diversas comisiones ante la carencia de servicios; como también en la coordinación para la tranquilidad de la población, claramente que el gobernador don Margarito Ramírez Miranda dio las disposiciones para la atención de cientos de damnificados; se formó un comité de emergencia para atender lo prioritario entre esos colaboradores estuvieron los ingenieros: Abelardo Castillejos, Enrique Sánchez padre e hijo, Lic. Eduardo Ferrer, Juez de Distrito, Antonio Erales, Félix Abdelnur, Narciso Alpuche, Carlos Hoy, Francisco Toache, Venancio Marín, Mario Elsner, Audomaro Castillo, Rubisel Calcáneo, Humberto Morales, Ernesto Castillo, Ernesto Aguilar. Otros voluntarios como don José Padrón Cetina, Manuel Jiménez, Lino Quivén, Salvador Lizarraga Carrillo, Ignacio Herrera López, el personal masculino de las escuelas, don Ramón González Téllez, muchos ciudadanos participaron; todos atendieron solícitos al pueblo necesitado…y como en estos casos hubo necesidad de mano dura en algunas ocasiones para evitar el desorden ante la exigencia ocasionada por la desgracia…pero todos solidarios sortearon esos días difíciles después de la tragedia. Para todos quienes vieron nuestra ciudad hecha una miseria de la noche a la mañana, pero que no los desanimó para levantarse y luchar por su recuperación deben las nuevas generaciones otorgarles un reconocimiento; para quienes tuvieron la desgracia de perder a sus seres queridos, la resignación más no el olvido; para las víctimas de esa tragedia una ofrenda en su tumba y una oración a Dios en este día como cada año, por todas esas almas víctimas de “Janet” tanto de Xcalak como de ésta capital donde cegó muchas vidas. Ahí como aquí recordamos a personas que jamás después de esa noche volvimos a ver…Descansen en Paz.
IAHM.- Chetumal Quintana Roo
Agosto de 2008
ignacio-herrera@hotmail.com
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