| Crónica
Citadina
Por Ignacio
A. Herrera Muñoz Iconos chetumaleños… Siguen extinguiéndose.Publicado el 2010-02-02.
Cuando a una ciudad el progreso material la domina se va convirtiendo en un lugar sin identidad, tiempo, ni espacio; esto a veces se convierte en angustia para aquellos hombres y mujeres que han profundizado sus raíces en la tierra de generación en generación dotando una herencia colectiva de todo el pasado, considerando como en las buenas herencias, cuando son buenos herederos lo valoran porque éstos son: Morales, éticos, artísticos, culturales e históricos. Testimonios que deben cuidarse, preservarse para conservarse…porque representan el esfuerzo, el trabajo, empeño… pero sobre todo el amor de aquellos fundadores quienes sus raíces al conformarse en fuerte tallo, surgieron ramas y de ellos frutos quienes deben ser los celosos guardianes de ese legado, del que en varias ocasiones se ha subrayado que no se puede enajenar, comprar ni vender sino recibirlos dignamente para engrandecerlos.
En esta ciudad desde su nacimiento pende en ella el estigma de la devastación a causa de la fuerza de la naturaleza que la ha arrasado como consta en datos de nuestro pretérito.
Al revisar apuntes legados por escritores e historiadores vemos constancia de la labor y aspiración de los habitantes que nos precedieron como lo fueron nuestros abuelos quienes procrearon a nuestros padres. Obras dejadas por personas que fueron asignadas para dirigir los destinos de este terruño y seguramente entusiasmados con la belleza del contorno, pugnaron por dejar alegorías artísticas, edificios y monumentos acordes a la época del surgimiento de Payo Obispo.
Desde 1905 cuando se transplanta la primera casa de madera en esta población, fue como la sementera que después hizo proliferar otras más que paulatinamente se expandieron en toda la superficie al ritmo que la ciudad se desarrollaba.
Casas de madera, bajas, de medio alto y de dos plantas fueron supliendo a las primitivas construcciones de paja y taciste.
El estilo anglosajón y caribeño le dio un toque artístico a la arquitectura otorgando una elegancia a este lugar bordeado entonces de verdes manglares y apuntalada por fuertes jabines y ciricotes.
Adquirió una arquitectura propia obteniendo una identidad compaginada con el costumbrismo adoptado por aquellos habitantes que decidieron retornar al suelo mexicano después de estar como emigrantes por más de medio siglo en la entonces colonia Británica.
En 1955 la sonrisa chetumaleña se cambió por el gesto de dolor cuando la crueldad y la furia de un meteoro asesino arrasó con todo lo que encontró a su paso convirtiendo a Chetumal en un lugar donde se observaban destrozos de maderas, convertido además, en un inmenso cementerio.
No obstante a esas circunstancias, el ánimo, el amor y el entrañable cariño de los chetumaleños de ayer, no fue desmoralizado, sino al contrario el tesón por reconstruir la ciudad emanó como un bálsamo que fue curando las heridas, dedicándose a levantar lo caído; reconstruir lo destruido y surgen las casas parchadas con maderas de diferentes colores; las menos dañadas que la naturaleza respetó pronto volvieron a lucir; la fisonomía de Chetumal se modificó, porque hubieron edificios de madera que desaparecieron para siempre al igual que casas esplendorosas guardadas aún en la memoria…pero unas aún permanecen en pie…lucen abandonadas negándose a desaparecer…siendo una identidad propia citadina, hubo la iniciativa de restaurarlas y conservarlas para lucirlas como testimonio y patrimonio de Chetumal…El 10 de Noviembre de 1995 salió publicado en el Diario Oficial del Estado el decreto que declaraba Patrimonio Histórico de la ciudad, a las casas de madera aún en pie que habían sorteado el paso del huracán.
Por la mala interpretación de esta ley muchos de esos íconos desaparecieron, algunos mal vendidos por los propietarios y otros siniestrados como consta antes y después de habérseles decretado patrimonio histórico de la ciudad.
Desafortunadamente el amor al terruño es algo que no se puede transplantar…eso es algo que nace de uno mismo…por el arraigo, la visión guardada en lo profundo de nuestra memoria y las etapas de la vida en nuestro transcurrir en el lugar donde nacimos.
El amor al lugar donde vivimos es lo que nos lleva a valorar lo que nos rodea…la transformación de un lugar produce nostalgia cuando vemos como va cambiando y despareciendo espacios, lugares preferidos ayer, hoy condenados a desaparecer…porque la modernidad así lo exige…Es lamentable nadie se preocupa por preservar para conservar…es una razón justificada, las raíces actuales están a flor de tierra o son producto de un transplante como se hacen con aquellas plantas traídas de otros lugares y para adaptarlas tienen que conservarlas en invernaderos, o bien porque derribar es más fácil que restaurar. El estigma chetumaleño al no poder conservar testimonio de su pasado cada día es más agudo…las promesas de cuidar la preservación del patrimonio cultural solo son palabras salidas del discurso…y no del sentimiento del corazón por los valores que representa a los nacidos aquí. Nadie tiene el valor de propugnar por hacer algo para que el patrimonio chetumaleño se conserve, ahora menos ya poco o casi nada queda de la riqueza cultural que tuvo esta ciudad. Leyes, agrupaciones, comités, sólo es letra muerta y pasos y manifestaciones sin sentimientos; muchos de quienes deben propugnar por nuestro patrimonio histórico cultural son entenados de Chetumal…y a una madrastra no se le puede querer igual que a la verdadera madre. Esto ocasiona que el decreto número 127, sea letra muerta, para defender y rescatar lo patrimonial e histórico de la ciudad y de todo el estado.
Hace pocos días una casa que guardaba muchos recuerdos, de una época y de vidas considerada parte de la cotidianería de ayer…fue siniestrada, la ley vigente para nada sirvió, no condena esto como un delito…su fragilidad no contempla sanción para estos depredadores culturales. Ninguno de esos llamados legisladores hacen una moción para defender lo histórico y cultural.
Paulatinamente como antes se anotó lo poco o nada de lo que fue y es para los verdaderos chetumaleños y quintanarroenses un legado histórico, sólo podemos ahora contemplarlo en fotografías que se conservan…con tristeza y sin poderlo evitar los íconos citadinos aún existentes abandonados a su suerte continúan desapareciendo.
IAHM.- Chetumal Quintana Roo
Enero 2010
ignacio-herrera@hotmail.com
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