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Crónica Citadina
Por Ignacio A. Herrera Muñoz

Heriberto Jara... Una vida ejemplar...

Publicado el 2010-07-07. 

Me ocupo nuevamente en dar a conocer el nombre de un reconocido revolucionario cuya vida historiadores reconocidos lo distinguen como un hombre ejemplar: Heriberto Jara. Seguro estoy de no equivocarme que quienes moran en la calle ubicada en la colonia “Adolfo López Mateos” ignoran el porqué de esa distinción. Es prudente darles a conocer aprovechando las celebraciones que se enmarcan en este año 2010. Ratifico lo asentado en trabajos anteriores no soy historiador y como tal me apoyo en apuntes de reconocidos ciudadanos ocupados de la historia de nuestra patria.


El general Heriberto Jara fue un revolucionario que sintió al igual que otros la causa del obrero y del campesino con acrisolada honradez y espíritu de sacrificio. Desde su tierna infancia aspiró a superarse, en su tierra natal Orizaba cursó sus estudios primarios, prosiguiendo la secundaria en Tulancingo, Hidalgo, cursó sus estudios de Contador Privado, dejando a un lado sus ardientes deseos de ser ingeniero, por la carencia absoluta de recursos económicos de sus padres, que perteneciendo a la clase media, eran muy modestos en sus recursos económicos. Regresa a Orizaba, ya con medios de cultura suficientes, para darse cuenta de la situación de tortura, moral y física, que prevalecía en nuestro país, causa que lo hizo ser uno de los primeros del movimiento social de nuestra patria.


Tantoyuca, en 1905; Cananea, en 1906, lugares en donde brotaron los primeros chispazos del pueblo mexicano en pro de la lucha de clases, dieron margen para que Heriberto Jara iniciara el movimiento revolucionario que culminó con la huelga de Río Blanco, año de 1907, el 7 de enero, en donde jugó importante papel junto con sus compañeros y amigos Camerino Z. Mendoza, Gabriel Gavira y otros que con Jara habían formado el Partido Antirreeleccionista.


La mañana del 7 de enero, muy de madrugada, empezaron a salirse de las fábricas los trabajadores, enfrentándose con el gobierno de Porfirio Díaz clara y abiertamente, y en esas luchas cuerpo a cuerpo, con enorme diferencia de armas, Heriberto Jara, exponiendo su vida, como pocos, se enfrentó a los federales, hasta que fue preso, yendo a parar a las tinajas de San Juan de Ulúa, lugar mísero de libertad que se extendía de un confín a otro de la República.


Salido de las mazmorras de San Juan de Ulúa, tiene sus primeros hechos de armas con un grupo de libertadores en Ixtapan, Puebla, cubriéndose de gloria al obtener su victoria sobre los federales y obteniendo, por méritos en campaña el grado de coronel.


Luchó denodadamente contra Porfirio Díaz y posteriormente contra Victoriano Huerta, pues en el ya general Jara anidaba un gran deseo de salvar a México de toda tiranía.


Fue a la muerte de Madero y Pino Suárez cuando enardecido por el fervor patrio, se incorporó con aquel valiente revolucionario, general Lucio Blanco, asistiendo con él a una de sus grandes aspiraciones: dar tierras a los campesinos, fundando el primer ejido de la República, en la bella y revolucionaria población de Matamoros, Tamaulipas, cuna de grandes revolucionarios. Regresa otra vez a su tierra, ocupando la jefatura del estado mayor de la División de Oriente, en donde llevó a cabo hazañas de guerra que pronto lo colocaron en primerísimo lugar entre los generales de la Revolución.


Al ocupar un puesto civil, lo hizo como secretario general del primer gobierno revolucionario que tuvo Veracruz, y cuando triunfaron las fuerzas constitucionales fue nombrado gobernador del Distrito Federal, en donde hizo grandes obras en beneficio de los pobres, dándoles ayuda en forma fraternal y humana. Lo que más distingue al hombre probo y luchador infatigable, fue su actuación como diputado constituyente en Querétaro, a donde lo mandaron sus paisanos de Veracruz. Allí demostró su interés por los de abajo, dando opiniones muy valiosas sobre los artículos 123 y 27, el primero relacionado con los obreros y el segundo con la propiedad de la tierra en beneficio de México, y por lo tanto a favor de los campesinos, por los cuales luchó noche y día.


Fue gobernador constitucional de Veracruz, realizando grandes obras en beneficio de su pueblo.


Fue senador de la República. Figuró como embajador de México en distintos países, dejando siempre una huella de cariño y simpatía en todas partes, por su espíritu fraternal y amante de la verdad. Fue presidente del Partido de la Revolución Mexicana.


Fue condecorado varias veces. Todos lo querían por ser un hombre honrado, bueno, intachable revolucionario, defendiendo la causa de los pobres hasta el último momento de su vida. Ojalá que su ejemplar vida de intachable caballero y auténtico revolucionario, sirva de ejemplo a las juventudes de hoy y de mañana.


Es oportunidad de traer a las mentes infantiles y a la juventud la vida de estos caudillos…algunos de ellos inscritos en calles, poblados, edificios…nada más se leen o sirven de referencia…pero el porqué de sus nombres y vidas son desconocidos u olvidados.



IAHM.- Chetumal Quintana Roo

Julio 2010

ignacio-herrera@hotmail.com




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